Historia de un perro callejero, contada por
él mismo
Esta es una historia triste, pero es real.
Coincide con la de
muchos perros abandonados.
Hoy cumplí una semana de nacido, ¡Que
alegría haber llegado a este mundo!
Mi mamá me cuida muy bien. Es una mamá
ejemplar.
Hoy me separaron de mi mamá.
Ella estaba
muy inquieta, y con sus ojos me dijo adiós.
Esperando que mi nueva
"familia humana" me cuidara tan bien como ella lo había hecho.
He crecido rápido; todo me llama la
atención.
Hay varios niños en la casa que para mi son como
"hermanitos".
Somos muy inquietos, ellos me jalan la cola y yo les
muerdo jugando.
Hoy me regañaron.
Mi ama se molestó
porque me hice "pipí" adentro de la casa; pero nunca me habían dicho
dónde debo hacerlo.
Además duermo en la habitación con ellos.
¡Ya
no me aguantaba!
Soy un perro feliz.
Tengo el calor de un
hogar; me siento tan seguro, tan protegido.
Creo que mi familia
humana me quiere y me consiente mucho. Cuando están comiendo me
convidan.
El patio es para mi sólito y me doy vuelo escarbando como
mis antepasados los lobos, cuando esconden la comida.
Nunca
me educan. Ha de estar todo bien lo que hago.
Hoy cumplí un año. Soy un perro
adulto.
Mis amos dicen que crecí más de lo que ellos pensaban.
Que
orgullosos deben de sentirse de mí.
Qué mal me sentí hoy.
Mi "hermanito" me
quitó la pelota. Yo nunca agarro sus juguetes. Así que se la quité; Pero
mis mandíbulas se han hecho muy fuertes, así que lo lastimé sin
querer.
Después del susto, me encadenaron casi sin poderme mover al
rayo del sol. Dicen que van a tenerme en observación y que soy
ingrato.
No entiendo nada de lo que pasa.
Ya nada es igual vivo en la azotea.
Me
siento muy solo mi familia ya no me quiere.
A veces se les olvida que
tengo hambre y sed.
Cuando llueve no tengo techo que me
cobije.
Hoy me bajaron de la azotea.
De seguro
mi familia me perdonó. Yo me puse tan contento que daba saltos de gusto.
Encima de eso, me van a llevar con ellos de paseo.
Vamos hacia la
carretera y de repente se pararon. Abrieron la puerta y yo me bajé feliz
creyendo que haríamos nuestro "día de campo".
No comprendo porqué
cerraron la puerta y se fueron.
"¡Oigan, esperen!" - ladré - se
olvidan de mi.
Corrí detrás del coche con todas mis
fuerzas.
Mi angustia crecía al darme cuenta, que casi me desvanecía y
ellos no se detendrían... Me habían olvidado.
He tratado en vano de buscar el camino de
regreso a casa.
Me siento y estoy perdido.
En mi sendero hay gente
de buen corazón que me ve con tristeza y me da algo de comer.
Yo les
agradezco con mi mirada y desde el fondo de mi alma.
Yo
quisiera que me adoptaran y sería leal como ninguno
!!.
Pero solo dicen "pobre perrito", se ha de
haber perdido.
El otro día pasé por una escuela y vi a
muchos niños y jóvenes como mis hermanitos".
Me acerqué, y un grupo
de ellos, riéndose, me lanzó una lluvia de piedras "a ver quién tenía
mejor puntería".
Una de esas piedras me lastimó el ojo y desde entonces
ya no veo con él.
Parece mentira, cuando estaba más bonito
se compadecían más de mi.
Ya estoy muy flaco; mi aspecto ha cambiado.
Perdí mi ojo y la gente más bien me saca a escobazos cuando pretendo
echarme en una pequeña sombra.
Casi no puedo moverme. Hoy al tratar de
cruzar la calle por donde pasan los coches, uno me arrolló.
Según yo
estaba en un lugar seguro llamado "cuneta", pero nunca olvidaré la
mirada de satisfacción del conductor, que hasta se ladeó con tal de
centrarme.
Ojalá me hubiera matado, pero solo me dislocó la
cadera.
El dolor es terrible, mis patas traseras no me responden y
con dificultades me arrastré hacia un poco de hierba a la ladera del
camino.
Tengo 10 días bajo el sol, la lluvia, el frío, sin
comer.
Ya no me puedo mover.
El dolor es insoportable. Me siento
muy mal; quedé en un lugar húmedo, parece que hasta mi pelo se está
cayendo.
Alguna gente pasa y ni me ve; otras dicen: "No te
acerques".
Ya casi estoy inconsciente; pero alguna fuerza extraña me
hizo abrir los ojos.
La dulzura de su voz me hizo reaccionar. "Pobre
perrito, mira como te han dejado", decía.
junto a ella venía un señor
de bata blanca, empezó a tocarme y dijo:
-"Lo siento señora, pero
este perro ya no tiene remedio, es mejor que deje de sufrir."
A la
gentil dama se le salieron las lágrimas.
Como pude, moví el rabo y la
miré agradeciéndole me ayudara a descansar.
Sólo sentí el piquete de
la inyección y me dormí para siempre pensando en porqué tuve que nacer
si nadie me quería.
| Este relato en
muchos casos es veridico no debe suceder, la gente tiene que tener conciencia de la
responsabilidad que implica tener una mascota; recuerde que la solución a su
problema no es echar su mascota a la calle, sino darle algo de su tiempo y
educarla. Ella se lo agradecera infinitamente y le brindara años de grata compañia. |
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Claudaminic´s. |